Las mujeres y el sueño
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El sueño es un componente esencial de la salud neurovegetativa y somática, emotivo afectiva y cognitiva. En efecto, mientras se duerme, el cerebro sincroniza los biorritmos esenciales para la salud (presión arterial, frecuencia cardíaca, temperatura corporal, ritmo sueño-vigilia, biorritmos hormonales y tono muscular) optimizando los valores y reduciendo los niveles de las hormonas de alarma, como la adrenalina y el cortisol. En la mujer en edad fértil, el sueño sincroniza el ritmo circadiano y los biorritmos endocrinos y neuroquímicos cuyo objeto es la reproducción. Además, el sueño contribuye al bienestar que alimenta el deseo de vivir desarrollando una acción estabilizadora de la regulación del estado de ánimo y mejorando y reduciendo los niveles de ansiedad e irritabilidad. A nivel cognitivo, el sueño, en especial en la fase REM, transforma las huellas de memoria a corto plazo en huellas más estables a largo plazo. Tiene un papel esencial en la recuperación del cansancio y del desgaste del día, tanto a nivel metabólico como biológico y psíquico.

A continuación, nos centraremos en el sueño de las mujeres y en cómo su sueño puede sufrir alteraciones coincidiendo con determinados periodos y condiciones típicas del universo femenino:

Normalmente, una mujer embarazada, satisfecha por ello, goza de una mejor calidad del sueño gracias al efecto sedante de los altos niveles de progesterona y de su metabolito, la alopregnenolona. Problemas relacionados con el embarazo (deseado o no), con situaciones de pareja y familia, con dificultades económicas y con el entorno familiar pueden modificar, incluso radicalmente, el favorable efecto endocrino de la progesterona. Las alteraciones más frecuentes del sueño durante el embarazo tienen que ver con los ronquidos y las apneas; ambos trastornos pueden indicar un mayor riesgo de hipertensión en el embarazo por lo que la calidad del sueño puede ser una válida ayuda para diagnosticar precozmente importantes patologías relacionadas con el embarazo. 

La alteración de la calidad y de la cantidad de las horas de reposo efectivo durante la menopausia es debida a las fluctuaciones en las concentraciones estrogénicas. Estas pueden tener consecuencias importantes en la vida cotidiana y en la salud dando lugar a estados de ánimo bajos, deterioro de la memoria, reducción de la energía vital, aumento de la astenia y mayor facilidad para sentirse cansado. Además, el déficit de sueño puede asociarse a un mayor apetito por alimentos con un alto contenido calórico, ricos en azúcares y grasas; en estas condiciones, aumenta la secreción de grelina, el neuropéptido que aumenta la sensación de hambre, y se reduce la leptina que provoca sensación de saciedad. Esto explica porqué las mujeres que duermen poco o mal tienen tendencia a engordar y les cuesta seguir una dieta estricta, sobre todo en peri menopausia y posmenopausia. Por último, se puede observar un aumento de la sensibilidad al dolor, disminución del deseo sexual y alteración de los ritmos circadianos relacionados con el sistema cardiovascular. La presión arterial normalmente tiene un mínimo hacia las tres o cuatro de la mañana, con lo que la pérdida del ritmo circadiano de la presión asociada a trastornos del sueño, anticipa y predice la aparición de hipertensión severa en posmenopausia.

Los trastornos del ritmo sueño-vigilia, sobre todo en las mujeres que trabajan haciendo turnos, pueden asociarse a irregularidades menstruales y a ciclos significativamente más largos. Estos podrían indicar mayores irregularidades en la sincronía neuroendocrina que coordina la ovulación con posible anovulación o fases luteales inadecuadas que pueden dar lugar a una menor fertilidad o a alteraciones de la sexualidad. 

Las implicaciones del sueño para la vida sexual son dobles: así, la privación crónica de sueño comporta, por un lado, una reducción de la energía vital, un estado de ánimo bajo y un aumento de la irritabilidad; por el otro, afecta al deseo y a la excitación mental lo que repercute en la función sexual.

Un aspecto crítico de la alteración del sueño se refiere al posible riesgo oncológico. Se están realizando ensayos para determinar si la alteración de los normales ritmos circadianos puede aumentar el riesgo de desarrollar tumores. Sobre este aspecto, parece ser que las personas que trabajan de noche sufren alteraciones en los niveles nocturnos de melatonina y en los perfiles de las hormonas reproductivas que, a su vez, pueden aumentar el riesgo de enfermedades relacionadas con las hormonas, como el cáncer de mama y de colon.

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