Insomnio infantil
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Los “trastornos del sueño” en la infancia

Los “trastornos del sueño” son muy frecuentes en la infancia y causan malestar y preocupaciones a los padres. Alrededor del 25% de los niños podrían tener un trastorno del sueño en algún momento entre la niñez y la adolescencia. En la mayor parte de los casos el problema se “auto limita” con el tiempo, sin embargo en algunos casos puede persistir causando desórdenes emocionales y del comportamiento. 

El trastorno del sueño más frecuente en los niños es el insomnio infantil

Un niño sufre de insomnio infantil si durante más de tres noches a la semana manifiesta los siguientes trastornos: tarda en conciliar el sueño (más de 30-45 minutos), se despierta por la noche y tiene dificultad para volver a quedarse dormido (por lo general pide que los padres estén presentes) o se despierta muy temprano por la mañana.

Es menos frecuente que el niño duerma mal a causa de un problema preexistente, por ejemplo apneas nocturnas debidas a problemas de obstrucción de las vías aéreas (ej. amígdalas inflamadas), enfermedades crónicas, dolor. En este caso el trastorno del sueño se resuelve si se consigue tratar la enfermedad que es la causa del trastorno. En el origen de la mayor parte de los casos de insomnio infantil no hay una enfermedad, y a menudo estos son el resultado de un círculo vicioso de comportamientos inadecuados que se instauran en los primeros 6-9 meses de vida tras los que se mantiene el problema. 

El trastorno del sueño más frecuente en los primeros años de vida es el llamado en términos médicos dificultades de iniciación del sueño y despertares nocturnos. El insomnio infantil con despertares nocturnos frecuentes está ligado al hecho de que algunos niños no son capaces de dormirse si no tienen ciertos objetos o situaciones, por ejemplo la presencia constante de los padres, estar cogido en brazos o meciéndolo, beber el biberón, o cualquier otro ritual que aparece con el tiempo. Estos niños cuando se despiertan por la noche, cosa que ocurre a menudo, permanecen despiertos mucho rato y no son capaces de dormirse de nuevo ellos solos. Por ello llaman a los padres reclamando su presencia, y para dormirse necesitan el ritual con el que están acostumbrados a dormirse.

A los 2-3 años el insomnio más frecuente es de dificultad para conciliar el sueño (Insomnio por ausencia de límites establecidos). Este es generalmente debido al hecho de que los padres no logran establecer ni hacer cumplir normas estrictas para ayudar al niño a conciliar el sueño. El niño se niega a ir a la cama en el horario establecido por sus padres, si lo llevas a la cama le da una rabieta, los padres suelen ceder y el acto de irse a dormir se retrasa. Con el tiempo el problema se acentúa y estos niños suelen dormir mucho menos de lo que deberían para su edad, lo que puede y puesto que si lo llevas a la cama negativamente sobre el temperamento y comportamiento tanto en casa como en la escuela. Los factores que pueden causar este problema son unos padres demasiado permisivos, conflictos entre los padres sobre como educar al niño, un temperamento vivo y negativo del niño, etc. 

El insomnio más típico de los 7-10 años de edad es el insomnio por causas psicológicas y miedos a dormirse que probablemente está ligado a una fase específica del desarrollo psicológico y afectivo. Es la edad en la que los niños adquieren el concepto de la muerte como momento “que no tiene vuelta atrás”. El problema puede ser desencadenado y perpetuado por eventos traumáticos como serios problemas familiares, estados de ansiedad o estrés. En este tipo de trastorno el niño antes de irse a dormir llora, pide excesivamente palabras tranquilizadoras, se niega a dormirse. Los miedos pueden desaparecer en parte o completamente si se deja que el niño duerma con alguien. 

Hay otros tipos de “insomnios” que un niño puede sufrir pero que son mucho menos frecuentes que los comentados anteriormente, como la hipersomnia, la narcolepsia, el trastorno del sueño ligado a la respiración (apneas nocturnas) y los trastornos del ritmo circadiano del sueño. Todas estas son condiciones que requieren la evaluación del pediatra y una intervención terapéutica compleja.

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¿Cuándo hablar con el pediatra?
Existen situaciones que deben ser reportadas al pediatra para que pueda valorar la situación y decidir como enfocar el problema. Por ejemplo, si el niño duerme mal desde hace un tiempo, si manifiesta miedo persistente y sin motivo en el momento de ir a dormir, si ronca por la noche y tiene crisis de apnea (en ciertos momentos parece que casi deja de respirar). La valoración por parte del pediatra es aun más necesaria si el niño, cuando tiene trastornos del sueño cambia también durante el día: se muestra caprichoso, se rebela continuamente, está irritable y agresivo, o es difícil tratar con él incluso en la escuela. 

El pediatra también debe ser consultado en caso de sonambulismo, terrores nocturnos y episodios de pesadillas frecuentes (semanales o varias veces a la semana). A estos tres trastornos del sueño se les llama médicamente parasomnias y vienen descritas brevemente en el cuadro.

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Consejos para favorecer un buen sueño

Algunas cosas que los padres podrían hacer para favorecer la conciliación del sueño y un buen mantenimiento del descanso nocturno: 

  • Establecer ritmos de sueño regular (horarios más o menos regulares para irse a dormir y despertarse). 
  • Crear un ritual positivo (baño, iluminación tenue, cuentos y nana). 
  • Meter en la cama al niño somnoliento pero aun despierto
  • Salir de la habitación antes de que el niño se duerma para que pueda adquirir el hábito de dormirse solo. 
  • Evitar que se duerma comiendo, bebiendo infusiones, tocando el pelo a los padres, en sus brazos mientras se le mece, etc. De lo contrario, cuando se 21 despierte por la noche necesitará las mismas cosas para volver a dormirse. 
  • Por la noche es mejor crear condiciones de penumbra y después de las 19 horas no permitir que el niño use el ordenador, la tablet o el móvil para jugar. 
  • Por la noche la televisión debe estar apagada hasta que el niño se vaya a dormir. 
  • Para tener bajo control la situación por la noche hay que mantener la calma y hablar al niño con voz firme y decidida, mostrándole vuestro afecto pero también vuestra determinación a la hora de hacerle ir a dormir al horario establecido. 
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Si a pesar de toda la buena voluntad y los esfuerzos, los padres no logran establecer rituales y hábitos positivos y el niño sigue durmiendo poco, se puede recurrir a algunas plantas medicinales como pasiflora, melisa o manzanilla. Son plantas que se usan desde hace miles de años, y que han demostrado científicamente la capacidad de favorecer la relajación y ayudar a conciliar el sueño. Una combinación equilibrada de extractos titulados y estandarizados de estas plantas puede ser de ayuda para el niño, ya que limitan los despertares nocturnos y facilitan la conciliación del sueño. Esto puede mejorar la calidad de vida del niño y de sus padres, y facilitar el proceso de adquisición de buenos hábitos de higiene del sueño.

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